Conciertos

Reviviendo el fin de gira de Amaral en Madrid y Barcelona

lunes, octubre 22, 2012Admin

¿Te perdiste los conciertos de fin de gira de Amaral en Madrid y Barcelona? Han sido muchas las personas que no han podido asistir a ninguna de las actuaciones del dúo zaragozano en estas dos ciudades por la rapidez en que se agotaron las entradas.
Si tú también tuviste que quedarte en casa, a continuación te mostramos la crónica del concierto del día 18 en la Sala Riviera de Madrid (por la revista Rolling Stone) y unos cuantos vídeos del día 20 en la sala Razzmatazz de Barcelona. 
¡Disfruta de este fin de gira salvaje!

El espíritu del rock estuvo presente anoche en La Riviera, incluso antes de que empezara la actuación de Amaral –sí, estáis leyendo bien, rock y Amaral. Una cuidada selección de clásicos de The Beatles, The Rolling Stones, Simon & Garfunkel, AC/DC, Led Zeppelin, The Kinks o The Doors, entre otros, amenizaron la entrada y toma de posición de los asistentes en la sala. Cualquier creyente y practicante de la música debía sentirse en la gloria. Otros simplemente movían la cabeza siguiendo esa música de fondo sin darle mayor importancia. Porque el público que congregan los zaragozanos es variado, en edad, vestimenta y gustos musicales, sin entrar en ese ya desgastado debate sobre si Eva Amaral y Juan Aguirre caminan por territorio indie o por las calles de la radiofórmula. Con 6 discos a sus espaldas, Amaral se han marcado un camino propio, que en el último año ha tirado, siguiendo a su instinto, Hacia lo salvaje (2011), título del trabajo que presentaban por última vez ayer en una abarrotada La Riviera, tras complacer el pasado martes en el mismo lugar a otros cuantos miles de fans (algunos menos, al coincidir con esos eventos que parecen paralizar al país: un partido de la Roja).




Invocando a otro clásico, All tomorrow’s parties de Velvet Underground, saltaron al escenario Eva, Juan y su banda (Chris Taylor y Jaime García Soriano y Toni Toledo de Sexy Sadiepara arrancar a lo grande con Hacia lo salvaje y Esperando un resplandor, ambos temas del disco protagonista de la noche – sonaron sus 12 canciones - pero no el único del programa, ni mucho menos. Al hilo de uno de sus grandes éxitos, El universo sobre mí, donde Eva canta estoy sola en medio de un montón de gente, la zaragozana dijo, echando un vistazo a la sala, “esta noche no es el caso, estoy muy bien acompañada”. Y no lo era, no, porque desde el minuto uno, 2.500 personas demostraron una total entrega que se vio correspondida. Con creces.
Unos meses antes de la publicación de Hacia lo salvaje, Amaral avisaron que se trataba de un disco más crujiente, donde las guitarras sonarían altas inspirados en parte por ese espíritu del 15M que, más de un año después, dado el panorama, sigue estando vigente, y anoche no fue una excepción. “Somos una generación que tendremos que luchar para no ir hacia atrás”, anunció Eva, antes de cantar Como un martillo en la pared y en uno de esos delirios de la acústica Robin Hood, se lamentaba, “Ojalá me hubieran dejado reventar la caja de un banco”.


Las guitarras sonaron, altas, muy altas y más enérgicas que nunca – a pesar de la regular acústica de la sala - y no solo en los momentos más evidentes como Big Bang o Las puertas del infierno, sino también en aquellos temas donde no solían sonar así, entregando unas versiones más rockeras y cañeras de No sé qué hacer con mi vida o Estrella de mar. No faltaron las concesiones a su faceta más pop con viejas conocidas que hicieron acto de presencia tal y como llegaron al mundo, Moriría por vos, Como hablar o Días de verano, como era de esperar, de los momentos de mayor comunión entre banda y público, cuando La Riviera se convertía en un karaoke colectivo.



Sin embargo, buena parte de la actitud rebelde y espontánea del rock estaba concentrada en la figura de Eva, que actuaba según le pedía el cuerpo, nada de poses. “Tengo ganas de fiesta, estáis participativos”, anunció la maña, ante la calurosa respuesta de la sala madrileña, que atendió a la llamada de Van como locos, dándole voz a esos indios bajando de la pradera que el dúo imaginaba en el estudio cuando compuso el tema. El lobo que acechaba desde el escenario al inicio del concierto pareció poseerla: gritó, saltó, bailó con el pie del micrófono, se desmelenó, sedujo, hizo el indio, “perdida como un perro […] aullándole a la luna” como bien cantó en Montaña rusadurante casi dos horas y media. Un dato que no debería sorprender cuando hay material de sobra para un generoso directo.



Con la guitarra, la pandereta, la armónica o las ondas del theremin en las manos, Eva se mostró sexy y provocadora, enfundada en mallas negras y top semitransparente, mucho brillo en los ojos y su mejor arma, ese portento de voz que no se resintió ni un ápice en toda la noche, aunque tuvo un breve y merecido descanso en el momento que Juan tomó el micrófono para recuperar Tardes, con la ayuda de Jaime. Eva sonaba poderosa en Antártida, sostenía los eternos “y dime sí…” de Kamikaze sin esfuerzo, hacía virguerías en Hoy es el principio del final o En solo un segundo… y en ocasiones parecía que le estaba echando un pulso a las guitarras de sus compañeros – ay, el sonido – pero siempre salía victoriosa.  Sus cuerdas vocales tuvieron oportunidades más claras para lucirse, como el emotivo homenaje a la desaparecida Chavela Vargas, interpretando Rogaciano el Huapangueroun ejercicio vocal de tal belleza e intensidad que arrancó los aplausos del público después de cada estrofa. Más emotivo, a nivel personal, fue el recuerdo a la madre de Eva, de la mano de Olvido.



Los grandes del rock sonaban en la sala antes del concierto, y no se marcharon una vez se apagaron las luces. El repertorio de esta gira incluye una sentida revisión de Have you ever seen the rain de Creedence Clearwater Revival –título ante el cual una mayoría de los presentes no reaccionó, hasta que Eva empezó a cantar– y la traducción al castellano de parte de la letra de Heroes de David Bowie, que la maña encaja en Revolución, una descarga eléctrica para completar el ecléctico primer bis (Chavela y Sin ti no soy nada). Una nueva y última salida al escenario situó a la emotiva Cuando suba la marea como broche final.



Con la sintonía de Curro Jiménez de fondo (otro grande que se fue, el actor Sancho Gracia) la banda cerró una noche llena de fuerza, garra, y música a raudales –28 canciones– homenajes y guiños, héroes y un montón de indios, más de los que imaginaron, y con muchas energías que acabarán de recargar mañana en Barcelona antes de partir rumbo a Sudamérica, a seguir recorriendo nuevos territorios.





Crónica por Rolligstone.es
Vídeos: Modesto27 y FMR134

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